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Te sorprendes, Avito amigo, de
que con tanta frecuencia hable de pueblos remotos, yo que me hice viejo en Roma,
de que esté sediento del aurífero Tajo y del Jalón de mi
patria, y que añore los campos humildes de mi granja bien abastecida. Me
gusta aquella tierra en donde las cosas pequeñas me hacen feliz y donde
escasos recursos bastan para enriquecer: aquí se alimenta al campo, allí
es el campo quien alimenta; con un fuego miserable se calienta aquí el
hogar, allí resplandece con una hermosa luz; aquí una hambre por
la que hay que dar dinero, y un mercado enloquecedor; allí una mesa
dispuesta con las riquezas de su propio campo; aquí durante el verano se
gastan cuatro togas, y a veces más; allí durante cuatro otoños
me cubre tan sólo una. Anda, ronda ahora a esos reyes, teniendo un lugar
que te puede dar, Avito, lo que no te da ni un amigo.
(Epigramas, Libro X, 96) |
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Nació Marco Valerio Marcial en la
ciudad de Bilbilis y en torno al año 40 de nuestra era, el uno de marzo
según se dice -porque se le nombró "Martialis"- . Allí
permaneció hasta los veintitantós años de su vida, cuando
decide buscar en la gran metropolis romana, a la que llega el año 64, la
fama y la fortuna a que se siente acreedor, la cual alcanzará
sobradamente tras años de penuras. Pero si en la provincia ansió
la vida cortesana y pletórica de Roma, en Roma añorará el
suave transcurrir y la tranquilidad segura de su Bilbilis natal, a donde acabará
por regresar, cumplidos ya los sesenta, y donde al fin morirá, hacia el
año 104.
Cuando Marcial llega a Roma piensa acogerse a
la protección de algunos ya célebres literatos hispanos, como Séneca,
Quintiliano, Lucano y algunos otros. Se ha producido sin embargo la conjura
de Pisón, en la que aquellos están implicados, y Nerón
condena sin paliativos a una parte de ellos. El camino de Marcial se complica en
una Roma de grandes arquitecturas, magníficos literatos, pero llena de
desilusión y cansada del mal gobierno de la dinastía Julia. La
paz de los Flavio cambia las cosas y la ciudad recobra la calma y su pulso
habitual. Marcial encuentra otros protectores y amigos (además del
calagurritano Quintiliano, Silio Itálico y Plinio el Joven
especialmente), y tras casi catorce años de sinsabores y de deambular por
los círculos literarios de la ciudad logra cierta fama, refrendada
definitivamente gracias a los poemas escritos en honor de los juegos y fiestas
organizados por el emperador Tito para inaugurar el coliseo Flavio.
Encarrilada su carrera, Marcial publica hacia
el año 85 dos nuevos libros de composiciones breves - Xenia y
Apophoreta - realizados para que sirvieran como acompañamiento a
la costumbre de envíarse regalos entre los amigos en las Saturnales (algo
similar a nuestro 6 de enero). A continuación vienen los doce libros de
Epigramas, con los que Marcial conseguirá ser leído por
todos los rincones del Imperio.
Su situación económica nunca fue
sin embargo muy buena, ligada a los avatares del clientelismo hacia los
poderosos. Sus mejores momentos estuvieron ligados a los favores concedidos por
el emperador Domiciano. Regalo de éste (o quizás de Seneca), poseyó
una finca en Nomentum, y también una muy modesta vivienda en Roma, en el último
piso de una ínsula, igualmente donada por Domiciano. Marcial siempre se
quejará de la falta de dinero y de lo escasamente lucrativa que era la
dedicación del poeta. Con los años Marcial se cansa. Añora
su tierra natal. Y poco después de la muerte de Domiciano, decide
regresar a Bilbilis, en un viaje costeado por su amigo Plinio. En Bilbilis pudo
vivir gracias a la generosidad de su admiradora Marcela, que le regaló
una finca donde transcurrieron los últimos años de su vida,
siempre disconforme, recordando con los fastos de la vituperada Roma.
Entre las razones de su gran popularidad, está
sin duda el hecho de que fuera un escritor sin artificio, situado a pie de
calle, de donde obtiene su inspiración. Nadie como él para
describir en coloridos bodegones y cuadros callejeros la agitaciòn de la
vida romana. Marcial conoce bien la ciudad y sus gentes: de sus obras podría
levantarse un plano de la misma -angostas callejas, barro, pretores, negras
tabernas, barberos, carniceros- y pintarse un cierto retrato de sus gentes: el
comensal parásito, la vieja borracha, el presumido, el adulador, el
abogado charlatán, etc. Pero también Marcial sorprende como
exquisito poeta elegíaco y lírico:
"Se oculta y al mismo tiempo fulgura,
escondida en una gota de sol, y se diría que la abeja està
encerrada en su propio néctar. ¡Digna recompensa logró tanta
laboriosidad¡ No es díficil creer que ella misma quisiera morir así".
Cuando Plinio tuvo conocimiento de la muerte
de Marcial, escribió: "Me acabo de enterar de que Valerio Marcial ha
muerto y bien que lo siento. Era un hombre ingenioso, agudo, picante y que
escribía con mucha hiel y sal, pero también con ternura... El me
dio todo lo que pudo y me habría dado más si hubiese podido. pero ¿qué
cosa mejor puede darse a un hombre que glora, alabanza y eternidad? No será
eterno lo que escribió, tal vez no lo será, mas él lo
escribió como si lo fuera. Adiós". |