La Lonja de Zaragoza

La pujanza económica de la ciudad de Zaragoza durante el siglo XVI, sobre todo en su primera mitad, al igual que su importancia como centro cultural y artístico se manifiesta tanto en el afán constructivo de los particulares, como en el de las instituciones municipales, que se esfuerzan además en el adecentamiento urbanístico de la ciudad: se renueva el trazado y empedrado de las calles, se prohíbe la circulación de carruajes por la ciudad romana, se reservan espacios, como el de la plaza del Mercado, para los actos públicos, etc, y se consolida la construcción del puente sobre el río Ebro, a cuya orilla derecha se asoman los edificios públicos más notables. Uno de ellos, La Lonja, edificio destinado a acoger los negocios de los mercaderes, dando albergue a la tabla de depósitos.

Lonja de Zaragoza

El Concejo decide edificar la Lonja el 18 de febrero de 1541, y se había concluído el 15 de noviembre de 1551. Su traza se debe al maestro Juan de Sariñena. Desempeñaron diversos trabajos en el edificio el maestro Alonso de Leznes, el arquitecto y escultor Gil Morlanes el Joven, que diseñó las columnas, y el maestro Juan Segura que las labró. Martín Gaztelu trabajó en las estancias superiores.

La planta de la Lonja en su interior es rectángular, formada por tres naves de igual altura, separadas por columnas anilladas de orden jónico. Esta planta de salón deriva de las lonjas levantinas. La cubierta se realiza mediante bóveda de crucería estrellada.

Una inscripción conmemorativa recorre la parte superior de los muros, dedicada a los valores espirituales de la justica, la paz y el buen gobierno. Sobre este espacio va una planta, que corresponde al exterior a la galería superior , y que se destinaba a sala de armas del Concejo

Las cuatro fachadas disponen de tres alturas de vanos: puertas, ventanas y galería alta.

Esta ordenación ha llevado a relacionar la Lonja con los palacios florentinos del quattrocento, aunque en la Lonja no hay correspondencia entre la disposición interior y exterior del edificio, propia de aquellos.

Hay que destacar como nota propia de tradición aragonesa la utilización del ladrillo, el poderoso alero de madera y los torreoncillos de los ángulos del tejado

Monumento nacional desde 1931, la Lonja es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura civil espantilde;la del renacimiento, al que ha que esforzarse en visualizar en su primitivo contexto del entramado de calles estrechas que la rodeaban, teniendo en frente el palacio de la Diputación del Reino, y que nada tiene que ver con el actual espacio continuo de la Plaza del Pilar en la que se asienta.

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