"Todavía
parece que le estoy viendo; tenía el cuello recio; su cabeza se erguía
sobre un cuerpo fornido, atlético; su barba, entrecana, sin aliños
afectados, bajaba hasta su pecho fuerte y saliente. Andaba despacio; parecía
agobiado, abrumado por un tremendo peso misterioso, por una anonadora fatiga...
Había en sus ojos
relumbres de melancolía y de fiereza candorosa. Quería celar su
bondad bajo una aparente rudeza; pero su bondad era como los arbustos fuertes e
indomables que salen retorciéndose de entre las peñas en busca de
la luz. Y cuando hablaba, su voz rugía, salmodiaba, imprecaba, amenazaba,
estaba henchida de comminaciones y de añoranzas del pasado."
(José Martínez Ruíz
Azorín, "Elegía a Costa", 1911)

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Joaquín Costa, el hombre de violenta e
incontenible determinación, ansioso de conocimiento y acción,
forjó este carácter durante sus primeros años, en Graus -a
donde llega desde Monzón, su lugar de nacimiento- y en Huesca. Sentía
desde siempre una afición desmesurada a los libros, aunque su educación
fue ciertamente trabajosa, debido a la extrema pobreza de su nutrida familia, a
la que le nacían y morían hijos y hermanos con demasiada
frecuencia. Y muy pronto, desde su juventud, una implacable enfermedad,
distrofia muscular progesiva, condicionó su vida.
Marchó Costa a Huesca a estudiar
bachillerato mientras trotaba por distintos y míseros oficios: fue mozo
de caballos del arquitecto Hilarión Rubio, jabonero, limpió aguas
de acequia, goberno máquinas de segar. Y aun con todo, se hizo maestro y
también agrimensor y hasta fundó el Ateneo de Huesca, en 1866. Su
familiaridad con los oficios artesanos le sirvió para ir a la Exposición
Internacional de París en 1867 como artesano discípulo observador.
El París de Flaubert y Manet le entusiasmó, pero también la
Exposición gracias a la cual escribió su primer libro: "Ideas
apuntadas en la Exposición Universal de 1867 para España y para
Huesca".
Se va luego a Madrid, a la Universidad, y se
doctora en Derecho en 1874 y en Filosofía y Letras en 1875. Es nombrado
oficial letrado con plaza en Cuenca, lo suficientemente cerca de Madrid como
para no perder de vista las oportunidades académicas que él
buscaba. Sin embargo, los tiempos no son buenos. La vida social y política
del país se halla continuamente convulsionada: cae la reina Isabel II,
dura poquísimo el reinado de Amadeo de Saboya y es breve la I República.
La Restauración no le es ideológicamente proclive y en Madrid mal
sobrevive Costa traduciendo libros, escribiendo en periódicos y
revistas... Es tan pobre que no tiene ni ropa con qué mudarse. Y regresa
a Huesca con plaza de jurista y con dos nuevos libros: "La vida del
Derecho" (1876) y "Derecho consuetudinario en el Alto
Aragón" (1880). Recorre la provincia, se detiene a estudiar
las costumbres, la cultura. Se enamora por dos veces (de Pilar y de una
misteriosa "F."), pero le rechazan debido a su fama de krausista y
librepensador.
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De vuelta en Madrid participa activamente en
la Institución Libre de Enseñanza, fundada por Giner de
los Ríos, a quien le une una profunda amistad. Ingresa en el cuerpo de
maestros de la Institución y en ella enseña Historia de España
y Derecho Administrativo. A la Institución permanecerá ligado
durante toda su vida: edita su Boletín entre 1880 y 1883, la
representa en el Congreso Nacional Pedagógico de 1882, y uno de los últimos
actos realizados por Costa fue su adhesión en 1910 al Centro de Estudios
Históricos proyectado por Gíner.
A su gran interés por la educación
cabe añadir su gran preocupación por las cuestiones históricas,
sociales y políticas. En el primer ámbito sus trabajos fueron muy
aprecidos por sus contemporáneos. Costa siempre pensó que la
solución a los problemas del país habría de venir por la
revitalización de antiguas costumbres y organizaciones sociales , lo que
le ganó fama de romántico.
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Otras de sus preocupaciones fueron el
movimiento colonial, y sobre todo la polìtica nacional y la política
agraria. Costa denunció y arremetió contra el viciado sistema de
la Restauración del turno de partidos, al tiempo que se convertía
en adalid de las reivindicaciones campesinas, respecto a las que fue autor de un
libro capital, convertido en la época en una manual: El
colectivismo agrario.
Al mismo tiempo Costa interviene activamente
en el escenario político. Funda la Liga de Contribuyentes de
Ribagorza, propugnando mejoras sociales y sobre todo sus importantes
propuestas en materia hidráulica. Fue candidato a las
elecciones en 1895 aunque no resultó elegido. En 1898, después del
desastre colonial, crea la Liga Nacional de Productores, con la que continua
insistiendo en sus planes de reforma agraria, municipal, administrativa y económica.
A la Liga Nacional de Productores se unen después otros grupos, formando
la Unión Nacional de la que Costa fue presidente.
Desparecida también la Unión en
1901, Costa se declará republicano en 1903 ingresando en la Unión
Republicana de Nicolás Salmerón, con la que es elegido
diputado a Cortes por Gerona, Zaragoza y Madrid, aunque no llegó a ocupar
su escaño, cansado ya y enfermo y en el fondo bastante desengañado
de todo. Se dio oficialmente de baja del Partido Republicano en 1906, aunque ya
había comunicado su dimisión en 1904.
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En 1905 Joaquín Costa vuelve
definitivamente a casa. Se instala en Graus, y aunque no se aparta completamente
del mundo sí impone distancias: alguna vez asiste a algún mitín,
realiza algún informe político - como el redactado en 1908 contra
la ley terrorista de Maura-, y sobre todo escribe, corrige, piensa.
La actividad académica de Costa había
sido también constante, aunque poco reconocido tanto en el ámbito
institucional como universitario, debido a sus posiciones krausistas y
liberales. Nunca llegó a obtener una cátedra universitaria, que
había sido su auténtica ambición. Se le negaron igualmente
otros premios y honores, aunque sí obtuvo el reconocimiento de la Real
Academia de la Historia, de la Real Academia de Jurisprudencia y
Legislación, o de la Academia de Ciencias Morales y Políticas.
La influencia de Costa fue profunda, como
reconocieron sin cortapisas eminentes pensadores de todas las posiciones: Menéndez
y Pelayo, Unamuno, Ortega y Gasset, Ramiro de Maeztu...
Joaquín Costa murió en su tierra
oscense el 7 de febrero de 1911. En Aragón sigue siendo un ejemplo y una
referencia: para Costa Aragón es el foco a través del cual
comprende, explica, critica y defiende España.
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(*) Distintas
representaciones de Joaquín Costa debidas a Ramón
Acín. Huesca, Gobierno de Aragón Imágenes extraídas del libro "La
imagen de Joaquín Costa. Exposición iconográfica en el 150
aniversario del nacimiento de Joaquín Costa", abajo citado.
Fuentes:.Gran Enciclopedia de AragónVoz. Costa
y Martínez, Joaquin. Tomo IV, 1980. / Castro, Antón
y Cano, José Luis. Aragoneses Ilustres, Ilustrados e
Iluminados. Diputación General de Aragón, 1993. / Hernández
Latas, José Antonio (dirección): La Imagen de Joaquín
Costa. Exposición Iconográfica en el 150 aniversario del
nacimiento de Joaquín Costa. Ed. Suelves. Huesca, 1996 (con la
colaboración de la Fundación Joaquín Costa, la Diputación
de Huesca, el Gobierno de Aragón e Ibercaja). | |