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Aragón es en el siglo
XVI un escenario que permite constatar las transformaciones operadas en
los hábitos de sus señores. Abandonaron las casas solariegas de sus
dominios rústicos y fueron a vivir a Zaragoza donde contribuyeron a
configurar la morfología renacentista de la ciudad con espléndidos
palacios (1) Ausentes de sus dominios,
esta nobleza urbana, confió la recuperación de sus rentas a la burguesía
mercantil. Las rentas de los grandes dominios aragoneses, entre ellos el
Señorío de Quinto bajo el control del Condado de Sástago, eran
arrendadas en subastas abiertas. Los contratos de arrendamiento describen
la naturaleza y entidad de las rentas dominicales, determinan el
procedimiento para su recaudación y otorgan a los mercaderes
adjudicatarios las atribuciones necesarias. La trashumancia Los pastizales de los
dominios señoriales aragoneses se inscribían también en las clásicas
rutas trashumantes de alcance medio y largo practicada por los montañeses,
lo cual relaciono las industriosas comunidades moriscas del llano con los
montañeses del Pirineo. D. Antonio de Funes y
Villalpando, señor de la Baronía de Quinto (Quinto, Gelsa, Velilla y
Alforque), dominio que compartía la Ribera Baja del Ebro y las estepas
colindantes con los laicos de Sástago, Belchite, Fuentes, Azaila y el
eclesiástico de Nuestra Señora de Rueda era también titular de la
localidad Pirenaica de Estopiñan del Castillo al sur de Ribagorza. El
arrendador de tierras o apoderado solía poner condiciones al arrendador
con respecto al pasto: “ .. con expresa reservación
que el dicho mi principal pueda en cada año imbiar a paçer en los
montes de la dicha villa ata dos mil cabezas de ganado suyas o de quien el
quisiere sin que por dicha razón haya de pagar renta alguna …” Esta reserva le permitía
al Señor de Quinto obtener un sobreprecio con el arrendamiento de las
hierbas. Arrendamiento que en 1569 se adjudico por tres años a razón de
4500 sueldos, D. Pedro Anjabín, el notario de la populosa localidad
morisca de Gelsa , del propio señorío de Quinto. (3) La guerra de Montañeses y Moriscos
La ruta de la
trashumancia más consolidada fue la de los pastores del Pirineo Oscense
(Tena y el Serrablo) hacia La retuerta de Pina, monte de Sastago, Plañeron
de Belchite. En 1575 las villas contiguas de Pina, con población mixta
cristiana vieja y morisca, y la de Gelsa de Ebro, exclusivamente morisca
de los señoríos de Sástago y Quinto respectivamente, se vieron en la
necesidad de mojonar sus términos municipales. Para peritar las lindes,
cada parte opto por llevar “dos pastores platicos y expertos por haver habitado muchos
años pastoreando por dichos términos”. Los elegidos fueron tres
pastores tensinos, dos de Panticosa y uno de Lanuza, y un cuarto Bearnes.
(4) Testificaron la mojonación
un notario de Pina, Gregorio de Totesaus, y otro de Gelsa, Pedro
Anjabín, el morisco arrendatario de los agostaderos de Estopiñan del
Castillo. Los Anjabin, con dilatada
tradición en el ejercicio de cargos municipales, intensa y expansiva
dedicación a la agricultura y ganadería, posiblemente emparentados con
otras familias moriscas relevantes como los Azúzala de Pina, pudieron ser
elementos representativos de la burguesía rural de origen mudéjar. Cuando en la primavera de
1588, tras asolar la población morisca de Codo, del abadiado de Rueda, y
asediar sin éxito Sástago, los montañeses y los bandoleros catalanes,
acampados en Quinto, se ensañaron con los nuevos convertidos de Pina de
Ebro, respetaron la vida de algunos para exigir por ellos un rescate: Uno
fue el teniente Abroz y otros los Azúzala, Juan y Lope. En estos trágicos
episodios de la llamada “guerra de montañeses y moriscos”
convergieron, gran parte de las contradicciones políticas, sociales, económicas
y religiosas del reino de Aragón. La más cruenta acción tuvo lugar en
Pina entre el 26 y 28 de abril, cuando los montañeses iniciaban el
retorno. Los contratos de arrendamiento de pastos y la correspondiente
invernada de los ganados en la Tierra Baja concluían el día tres de
Mayo, festividad de Santa Cruz. Las primeras reyertas habían tenido lugar
entre moriscos de Codo y pastores del Serrablo en el termino compartido
del Planerón de Belchite. (5) En Abril de 1588 comenzó
a cuestionarse la continuidad de don Artal como virrey de Aragón. El
bandolero Lupercio Latrás, captado por el Conde de Ribagorza para su
causa, halló la manera de vengarse infligiéndole dos severísimas
humillaciones: entre el 26 y el 28 de Abril después de haber arrasado
Codo e intentado sin fortuna el asalto de Sástago, asolo con su horda la
parroquia de los nuevos convertidos de Pina de Ebro. Según Jerónimo
Blancas pudieron asesinar a 300 de sus moradores, De la ferocidad con que
se produjeron los hombres de Latrás da testimonio el espeluznante relato
del cronista: “… y así comenzaron
a ir en busca de la propia suerte, que si fueran a caza, no perdonando a
nadie, ni a mujeres, ni a niños aunque fueran de teta, que quitándolos
de los pechos de las madres, a cual tomándolos de los pies le daban
calabazadas por las paredes; y de los grandes a los que cogían,
desnudabanles en cueros vivos, traían a la plaza, que estaba llena de
cuerpos muertos, y allí, probándose a quien darían mayor golpe, les
daban terribles cuchilladas; otros echándoles por las ventanas morían
reventados; …” Los asaltantes se
retiraron a Castejon de Monegros donde ocuparon tres días en repartir los
despojos. Latrás lanzó sobre Pina 400 hombre, el gobernado inquisidor
Morejón y el Capitán Ferrer comentaron que en la junta del 25 de Abril
había en Quinto 800 montañeses y era aquí donde tenían su cuartel
general. La concordia de los Señores de vasallos
de 1588
Los señores de vasallos
hubieron de comprometerse con la situación. Entre el 21 de Julio y el 10
de Agosto, don Pedro de Espés, barón de Alfajarín, don Carlos Fernández
de Heredia, conde de Fuentes, don Juan Francisco Fernández Hijar, conde
de Belchite, don Artal de Alagón, conde de Sástago y virrey de Aragón,
don Francisco de los Cobos y de Luna, marqués de Camarasa, don Miguel
Martinéz de Luna, conde de Morata, don Luis jiménez de Urrea, conde
Aranda, don Blasco de Alagón, don Juan de Francia señor de Bureta, don
Luis de Bardají, señor de la baronía de Etercuel y don Juan García de
Funes y Villalpando, señor de Quinto, pactaron los mínimos de cooperación
que permitieran erradicar la delincuencia de sus dominios. El proyecto tenía
gran importancia ya que el bandolerismo había tenido cobertura en las
enemistades de los propios señores. El consenso de los señores
consideraba 10 puntos: el primero de no receptar delincuentes en sus
dominios, si como consecuencia de los delincuentes no aparecia el agresor
se imponía una multa de 50 ducados al municipio donde se hubiesen
cometido los hechos y se establecían las imputaciones de culpabilidad si
no aparecía el malhechor en el concejo o concejos colindantes según que
el delito se cometiese en poblaciones de cristianos viejos, nuevos o
moriscas. La concordia también
fijo la aportación de hombres armados que en el caso de Quinto tuvo que
armar a 500 hombres para estos menesteres. El Censo del marqués de Aitona
El virrey de Aragón,
marqués de Aitona, elaboró un censo de la población morisca aragonesa,
con los municipios de origen agrupados en itinerarios para la expulsión.
Según el citado censo había en Aragón 14.109 fuegos moriscos lo que
supondría aproximadamente unas 63.500 personas. El señorío de Quinto
contaba según este censo con 331 familias concentradas, principalmente,
en la villa de Gelsa y la Zaida Fogaje de Quinto y Matamala en 1.495 (77 fuegos) AL: Hon. Garcia Lopez. J: Hon. Ramon Scudero. JD: Ximeno d’Asin. VC: Mossen Jayme Mir. PH: Guillen Andres /a/ - Johan Lopez. TT: Ve. Mossen Miguel de Guimera, h. en Cesaraugusta - Pedro Comor, h. en Cesaraugusta.
. MATAMALA despoblado (Ermita) TT: Anthon Cedrillas, comensal - - Mahoma Mofferiz, de La Zaida No figura en el repartimiento de sisas de 1.489. Lezaun, ob. Cit. F. 2. Lo da como pardina y santuario. Asso, ob. Cit., p. 193, antigua población ya destruida agregada a los términos de Quinto, con ruinas de fortaleza. Madoz, ob. Cir., XI, p. 295, despoblado o coto redondo al sur y término de Quinto donde se encontraba el lugar de Matamala, quedando vestigios de la fortaleza a la que alude Asso. Roque Faci, en su “Aragón, Reino de Cristo...”, Z. 1739, I, f. 276, sitúa la ermita en una pardina, antiguamente poblada. En el M.T.N., h. 413 (41º 24’ - 41º 23’) y (41º 23’ - 41º 24’ y 3º 13’ - 3º 14’).
Corre el año de 1.495, en Burgos, y el 4
de agosto Fernando el Católico recibe noticias alarmantes, provenientes
de Francia : Carlos VIII está preparándose para la guerra, con
intención de invadir el reino. Coincide en éste momento además,
una coyuntura económica delicada, con cosechas agostadas por la langosta
y Zaragoza asolada por la peste. Un mes más tarde, el Rey ordena al
Justicia de Aragón, don Juan de Lanuza, la convocatoria de las Cortes del
Reino en Tarazona. Estas Cortes no se constituyen hasta la tercera
sesión por las reiteradas ausencias de numerosos procuradores (al final,
llamados contumaces) y en ella el Rey expone por medio del notario real
sus proposiciones. Pero sirvan estas breves notas, sobre la magnífica e inconmensurable obra de Antonio Serrano Montalvo, para activar nuestras conciencias, recuperando y conociendo nuestro pasado y nuestra historia, pues en ellos está escrito nuestro futuro.
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