...El progreso científico, lejos de achicar el ideal humano, lo eleva y dignifica, poniéndolo en el total dominio de las fuerzas cósmicas, en la redención de la ignorancia, en el perfeccionamiento físico y moral de la especie humana, en la supresión del dolor.



ROMANTICISMO

El romanticismo es una corriente cultural que tiene su correspondencia en cada una de las facetas que rodean al individuo. Se define como un conjunto de cambios producidos en el ámbito de una superestructura y asociados a las transformaciones socioeconómicas. El romanticismo fue la respuesta a la caída de las monarquías absolutas (o su fracaso) y del Antiguo Régimen, así como la paulatina implantación del liberalismo relacionando con el movimiento intelectual de una clase en auge, la burguesía.

Asímismo el romanticismo tiene su fuente en el movimiento ilustrado o en el neoclasicismo, si hablamos de criterios artísticos. La individualidad, la crítica y el componente burgués con el que se destaca la ideología intelectual de finales del XVIII son los sillares o la base del movimiento. Una de las características del movimiento es la autonomía y experiencia sensual, la valoración de lo subjetivo y del acto de la creación frente a todo el conjunto de normas y reglas de la objetividad.

El romanticismo rescata el sentimiento del yo, que se apoya sobre hechos y circunstancias, de la misma forma que en el renacimiento y la ilustración, pero con una diferencia: que el yo en el periodo precedente fue optimista y en el Siglo XIX implica una tragicidad, fruto de las convulsiones políticas e históricas.



POSITIVISMO

El positivismo es una corriente cultural y filosófica que consiste en no admitir como valido ningún conocimiento excepto aquellos que pueden ser comprobados y refutados por la experiencia de base científica. Por ello, todo aquel elemento o noción que no procede de la experiencia a priori es rechazado, lo mismo que todo concepto absoluto y universal.

El hecho es la única realidad científica, y la experiencia y la inducción, los métodos exclusivos de la ciencia.

La validez de las cosas pasa por su comprobación, con lo que el positivismo es una forma de entender el mundo de forma racional, por lo que se niega toda idea y todos los conceptos, sensaciones y percepciones que no tengan su explicación lógica. El positivismo comptiano, que en un primer momento puede parecer frío es la base de la ciencia del siglo XIX. La duda y la búsqueda de las causas hicieron que los investigadores buscaran nuevas verdades aplicadas a todos los campos del saber. Darwin, Mendel y el mismo Cajal son ejemplos de esta actitud.



EL 98

El 98 es un punto en el tiempo que viene a marcar el fin de una larga decadencia para España. Es en este año cuando España pierde sus territorios de ultramar. 1898 significa el fin de una época y la búsqueda de una alternativa a una España obsoleta en comparación con el progreso tecnológico, cultural y social del resto de Europa.

El 98 es más una reacción de un grupo de pensadores que una actitud generalizada y social. Los intelectuales querían dar a España el impulso que merecía.

Los eruditos, dispersos por todos los campos del saber, se debatían entre el más profundo españolismo y las miras a una Europa que aventajaba a su país en el camino del progreso. Miguel de Unamuno, Valle Inclán, Ángel Ganivet, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Azorín, Manuel y Antonio Machado, Costa, Mallada, Juan Ramón Jiménez eran partícipes de esta percepción común en la elite cultural.

En boca de Cajal siempre estuvo el sentir y la frase de que él todo lo hizo por el amor a su patria. Cajal dice que España no está en una crisis intelectual sino que su verdadero mal estriba en su inmadurez cultural con respecto al resto del continente.

El científico creyó estrictamente en el potencial de la ciencia para paliar el retraso de España. Así se dirigió a los jóvenes en Reglas y Consejos:
"Para producir un Galileo o un Newton es preciso una legión de investigadores estimables... Mientras nuestras razas han dormido secularmente el sueño de la ignorancia y cultivado la religión y el arte, -preferentes y casi únicas actividades de pueblos primitivos- las naciones del Centro y Europa se nos han adelantado progresivamente".

Y así hizo Cajal predicar con el ejemplo para atajar mediante su ciencia los males que aquejaban España. Trabajó y lo mejor, demostró que de la nada se podía construir.



LA CIENCIA EN ESPAÑA

Contando que en 1900 el 63% de los españoles eran analfabetos es normal, a pesar de los intentos de un reducido grupo de intelectuales y científicos, que a la ciudadanía no le fuese fácil el aprender ciencia y menos todavía el investigar. Aprender era una actividad memorística y no crítica. Esta última cuestión, la crítica, el reflexionar sobre los procesos y los fenómenos es siempre es alentada por Cajal en su libro Reglas y Consejos.

La formación superior quedaba reducida a un pequeño número de alumnos. Y la universidad se centraba en las enseñanzas tradicionales: medicina, derecho y humanidades. Con lo cual era difícil, al no haber técnicos, que la iniciativa privada optara por industrias que necesitaran un personal cualificado. Sólo a medida que la tecnología lo solicitaba iban apareciendo nuevas titulaciones, tras un largo batallar. Ingenierías, química, física...

Cajal siempre alzó la voz con el afán de que a las universidades españolas se incorporaran los elementos más positivos de las de Europa. Quiso que los estudiantes salieran fuera a estudiar a otros países, para que regresaran con unos conocimientos que en España no podían adquirir. Sus solicitudes fueron una de las bases cuando se creó la Junta de Ampliación de Estudios a principios del siglo XX, en 1907.

No cabe duda que Cajal fue un destacado científico, como lo atestigua su trabajo, sus honores y medallas. Pero a principios de siglo, tal vez empujados por el afán de progreso, se encontraban otros hombres que aportaron no sólo grandes y magnas obras, sino también escuela. Cabe destacar la actividad del matemático Julio Rey Pastor, del geólogo Hernández Pacheco, del botánico Eduardo Reyes Prosper con su famosa obra las Estepas de España y su vegetación. En Zoología se debe señalar al profesor Bolívar. Y Eduardo Huguet del Villar en Edafología. En el marco de la economía se encuentra Flores de Lemus y en la estadística Terradas. En geografía Dantín Ceredera y en Historia Menéndez Pidal y Menéndez Pelayo.

No hace falta decir que todos ellos lograron incrementar su saber gracias a los adelantos tecnológicos, que se incorporaban a laboratorios o al propio trabajo de campo. Además, ésto se sumaba a que la comunicación y colaboración entre los sabios, tanto españoles, como de universidades extranjeras era algo habitual. Con lo que las cabezas del pensamiento español estaban a la altura de las del resto de Europa.